YOGA ES SILENCIO

Por Gustavo Plaza

Hace unos días en el Internet, un amigo, practicante de yoga, compartió esta foto por medio del Facebook.

Cuando la vi no puede menos que reírme e inmediatamente asentir. Y es que es totalmente cierto, silenciar la mente no es labor sencilla y he ahí la titánica tarea del yogui.

Y bien! Cuántos saben realmente meditar? Quién ha meditado de verdad? Porque quizá seas incluso hasta profesor de yoga (supuestamente) pero nunca has logrado calmar tu mente, serenado tus emociones y palpado de forma directa esa esencia más auténtica de tu verdadero Ser.

Pero ahora nos sinceramos. Cuántas veces no ha sucedido que te sientas a meditar y en menos tiempo de lo esperado aparece un pensamiento: “tengo que comprar leche”. Casi de inmediato lo relacionas con otro pensamiento: “tengo que comprar leche para el desayuno”, y comienza una cadena de reflexiones casi interminable: “ya casi no tenemos leche en la refrigeradora, esta mañana desayuné cereal con leche, y… ¿qué era eso que decía mi esposa durante el desayuno? Que se iba a visitar a su madre esta tarde, como a las 4:00, yo hoy a esa hora tengo una reunión con un cliente, es un buen cliente, lo conozco desde la época del colegio, cuando él tenía ese peinado punk, en 3er curso, que yo estaba en el paralelo A y el en el B, en esa época yo vivía en la calles 5ta. etc, etc, etc.”

Después de pasar un largo tiempo pensado en infinidad de disparates recuerdas que estás “meditando”, nuevamente te incorporas para enderezar la columna vertebral que por supuesto se ha encorvado sin que te dieras cuenta, y retomas tu soporte de la concentración (punto focal, mantram, yantra, etc) para tratar de avanzar en tu sadhana.

Y ni qué decir de las distracciones que comienzan por los estímulos externos, por sonidos, olores, ruidos que suceden a nuestro alrededor mientras tratamos de meditar; que no sólo desencadenan pensamientos, sino que pueden hasta levantar emociones fuertes como una ira fulminante hacia el vecino que hace ruido con el equipo de música justo a tu hora de práctica.

Recuerdo cuando estuve por primera vez en Varanasi-India, mucho me impresionó ver esos yoguis renunciantes, sentados frente al Ganges, inmóviles por horas, totalmente absortos en su meditación, absolutamente indiferentes al torbellino de esta movida y ecléctica ciudad.

Lograr silenciar la mente es un trabajo duro, como me dijo Vera de Kohn (psicóloga y maestra zen):  “Hoy en día la gente quiere todo fácil, se hacen retiros de iluminación en 7 días, las personas quieren vivir una fantasía, el camino de la meditación exige esfuerzo, dedicación y sacrificio.”

En el mundo actual donde el yoga se ha visto distorsionado por los usurpadores del espíritu (como les llama Ramiro Calle), donde la gente se piensa “yogui” porque asiste todos los días a un “gimnasio” y es capaz de ponerse sobre su cabeza, lograr las más complicadas posturas y alcanzar contorsiones fantásticas como las de Cirque du Soleil. No se tiene claro el propósito, ni lo que realmente es el yoga.

Cuántos acróbatas y trapecistas hacen todas esas posturas mejor que cualquiera y no por eso han logrado la iluminación, el nirvana o el samadhi.

Yoga no es sinónimo de ejercicio físico, no es un método para bajar de peso, ni algo para reducir el stress. Es verdad que la práctica del yoga ofrece infinidad de beneficios alternos, como mejorar la calidad de vida, mejorar la concentración y eficacia en el trabajo, traer radiante salud, pero reducir el yoga a esto sería cometer una barbaridad.

Antes que nada hay que redefinir ese término Yoga, tan mal comprendido y presentado en el mundo moderno. Por un lado están los que nada saben del yoga; de esos tenemos algunas categorías, pues hay quienes piensan que el yoga es una extraña secta, otros lo ven como una gimnasia comparable con el pilates, el spinning o los aeróbicos, otros creen que son ejercicios de acróbatas y trapecistas de circo y no podían faltar aquellos que los han catalogado como un culto satánico.

En el otro lado están los que “saben” lo que es el yoga y sin embargo lo identifican como una práctica de movimientos dinámicos y complicadas posiciones corporales para definir músculos, quemar grasa y sudar a chorros.

Si bien es cierto que el yoga incluye el trabajo sobre el cuerpo y que el sistema de Hatha-Yoga es un aliado extraordinario en la búsqueda interior, no podemos pensar que ir a un gimnasio a practicar posturas y sudar es Yoga.

Y es comprensible que la gente se confunda, cualquier persona que salga a trotar y que realice actividad física va a sentirse bien relajado y efervescente, lleno de ánimo.

El hatha yoga con sus posturas y savasana nos relaja y eso ya es bastante. Pero eso de ninguna manera es un estado avanzado de yoga. Más bien es sólo el comienzo de un camino largo.

Yoga es un método de Auto-realización, un sistema que nos regresa al estado natural del Ser; que nos va liberando capa a capa de todo aquellos que evita que entendamos nuestra real naturaleza.

Sacudir las primeras capas de fatiga y tensiones mentales es muy pero muy sencillo, tal como lo es cavar las primeras capas del suelo para crear un pozo, pero cuando comienzas a avanzar te vas a topar con roca sólida y capas de subsuelos duras, gruesas y casi impenetrables.

Por eso es que las primeras meditaciones son sencillas, agradables y la gente siempre comienza con buen ritmo. Pero no les dura ni un mes!

Este trabajo, duro y arduo, de ir limpiando la mente de las impurezas que evitan la claridad del flujo de conciencia es lo que se conoce como Yoga, y que quizá la palabra “Meditación” sea la más adecuada para comprender la verdadera dimensión de lo expuesto.

La finalidad del yoga es el redescubrimiento de nuestro propio Ser.

El yoga nos dice que en nosotros hay un Yo más real, más auténtico que el yo social o ego, la máscara del Yo. Ese Yo que nunca ha dejado de Ser y que es desde siempre y que seguirá siendo cuando el cuerpo haya dejado de estar en este plano material.

Los yoguis de la antigua India descubrieron que cuando la tormenta del pensamiento se calmaba, eran capaces de vivir su verdadera esencia. Tal como un lago en calma puede reflejar claramente la imagen de la Luna, así el yogui calma su mente para ver en su interiorel reflejo de la Divina Conciencia.

 Sí, yo lo sé, suena fácil pero la verdad es que no lo es y todo meditador lo sabe. Y puede que ahora te preguntes ¿pero qué hago para calmar los pensamientos?

Aunque podría darte infinidad de consejos, sugerencias y prácticas de apoyo, sólo hay una forma de lograrlo: practicar, practicar y practicar.

Por supuesto, un instructor experimentado siempre será de gran ayuda. Un verdadero gurú es algo invaluable. Pero aun con un gran maestro será imposible avanzar sino hay una práctica sostenida.

Una cosa que hay que decirla, es que no es necesario dejarse la barba, el pelo largo, usar taparrabo y convertirse en sadhu (renunciante) para lograr el propósito del yoga.

Esa misma foto podría tener una lista de pensamientos más larga que la del hombre occidental sobre el “yogui” oriental. El hábito no hace al monje.

Es cierto que la vida del renunciante tiene sus ventajas frente a la vida del hombre del mundo que debe enfrentar infinidad de problemas, situaciones y vicisitudes para ganarse el pan de cada día para él y su familia. Pero eso no es obstáculo obtener los más altos grados de realización que ofrece el yoga.

Sri Ramakrishna, uno de los más grandes yoguis que ha tenido la India decía por eso que los hombres de hogar que practican sadhana son verdaderos héroes, pues su práctica es sumamente más difícil que la de los renunciantes, pues la actividad de un Sadhu es por deber nada más que la práctica espiritual.

Al final, el yogui (oriental, occidental, renunciante o del mundo) vive libre, presente, con su mente en paz, sin juzgar a nada ni a nadie. Con una mente sosegada y en silencio perfecto.

Publicado: 18 de Septiembre de 2013